JOAQUÍN EANDI
Regidor d’Abrera En Comú

Después de dos meses como concejal de Abrera En Comú, me he decidido por compartir, a quien le interese, algunos apuntes de esta legislatura y de este gobierno.

Viví a Abrera como niño, adolescente, joven y ahora como trabajador. Por todo lo que he visto en este tiempo, estoy convencido de que éste es un pueblo que tiene las condiciones para convertirse en un motor progresista, social y cultural de la comarca; bueno es el territorio y la ubicación, pero sobre todo buenas son sus gentes. Hablo de las jóvenes, las trabajadoras, la gente mayor, las maestras y profesoras, las entrenadoras, las comerciantes, las entidades y asociaciones. Abrera tiene las voluntades de un pueblo que debe proyectarse feminista, social, solidario, progresista, transparente, democrático, pro-tecnológico y justo.

Pero es evidente que sin un proyecto político que consiga darle a la palanca para mover los carriles, no llegaremos a esa estación. El gobierno PSC-ERC-CiU ha demostrado no tener ningún proyecto: van dando bandazos de un lado a otro sin rumbo fijo (en esta legislatura y desde hace 35 años).

Prueba de ello es su comportamiento –digno de ser estudiado por los etólogos– en los plenos municipales. Van aprobando mociones (propuestas para el pueblo) de otros grupos políticos, casi sin presentar ellos ninguna. Y las que aprueban lo hacen sólo para que, días después, se publique en el AbreraInfo un artículo que suscite que son ellos quienes han impulsado las propuestas, y que nunca menciona a quienes trabajamos las propuestas, las acciones y las ideas.

En los plenos también se ha avistado la práctica de un extraño capricho (por definirlo de alguna forma) que consiste en rechazar y vetar proposiciones de la oposición que benefician al pueblo y a su gente. Un ejemplo son dos mociones de iniciativa feminista que presentamos: la moción para unas fiestas de libre sexismo (después de haber permitido una fiesta mayor con canciones sexualizan y estereotipan a la mujer); y la moción para el estudio urbanístico con perspectiva de género. Las dos fueron vetadas por el gobierno (PSC, ERC y CiU) con justificaciones, cuanto menos, ridículas.

Otra moción que nos vetaron —y no os voy a engañar, nos sentó realmente mal— fue la de adhesión a la Xarxa de Municipis per l’Economia Social i Solidària. Su justificación rozó el absurdo y los arrojó a la ignomínia: sin que se les pongan las mejillas coloradas nos dijeron algo así como “lo hemos googleado y no hemos encontrado la web”. ¡Cómo no nos vamos a ofender! No han querido sumarse a una red de municipios cuya finalidad es promover y consolidar la economía social y solidaria entre los distintos municipios (se han adherido municipios como Argentona, Cabrils, Collbató, Cornellà, Vilanova i la Geltrú) y así establecer un enfoque de desarrollo local que prime a las personas sobre el capital, aplique una gestión participativa y democrática, así como un desarrollo sostenible.

La dejadez institucional demuestra la inexistencia de un proyecto de ciudad. Pero más grave aún es que, durante más de dos años, han paralizado la planificación urbanística del municipio (POUM) que supone el espacio en donde se cartografía el futuro de Abrera.

Los procederes del gobierno en el pleno no son los únicos reprobables; también recibe el Alcalde. Se dedica a prometer, por activa y por pasiva, resolver problemas particulares de algunos vecinos. No actúa como un alcalde que vela por los intereses comunes del pueblo.

No se puede negar que se ha “vestido de gala” políticamente. El Alcalde ha gastado unos 50.000€ de dinero público en un plan de comunicación que pretende enaltecer su figura “institucional” –y política– en los medios públicos, entre otras cosas. Me pregunto si alguna vez la revista municipal ha funcionado como medio para divulgar noticias del pueblo (sobre las entidades, sobre política, sobre economía, sobre deportes, sobre cultura…) o siempre ha sido un álbum de fotos del alcalde con vecinos que, involuntariamente, servimos de modelos.

Mecanismo de propaganda éste. Mecanismo que este año han expandido; siempre que han tenido la oportunidad, en esta legislatura, han sonreído ante las cámaras y se han apropiado de actos sociales que, por otro lado, son dinamizados por colectivos que se prestan a la promoción de un cargo público como estrella invitada, perpetuando esa perturbadora connivencia con los medios públicos.

Abrera se ha quedado atascada en el tiempo, consecuencia de tener un gobierno sin aspiraciones. Ser un pueblo tranquilo no tiene porqué contradecirse con ser un pueblo en movimiento. Un movimiento hacia la dignidad de nuestro territorio que tiene que resistir la violencia infraestructural que diseñan los de arriba. Un movimiento hacia la gestión social, eficiente y razonable de los servicios públicos. Un movimiento hacia el medioambientalismo que cuide la salud de la tierra que pisamos, del aire que respiramos y del agua que bebemos.  Un movimiento hacia nuevas formas de hacer política: transparente, participativa (ética, no estéticamente), transformadora y del siglo XXI. Un movimiento hacia el ocio y la cultura que no nos obligue a tener que irnos fuera para disfrutar de nuestro tiempo libre. Un movimiento hacia la dignidad de las trabajadoras y estudiantes que necesitan del transporte público. Un movimiento hacia la dignidad de los más vulnerables, que se han visto aún más excluidos con la ordenanza de civismo que aprobó el gobierno donde criminalizan a las prostitutas, un fenómeno que no existe en Abrera; donde se le multa al sintecho y no al sistema que le obliga a vivir en la calle.

Si tengo alguna cosa clara es que, aunque se rían de este concejal en los plenos por su juventud, voy a trabajar con todo lo que tenga en mis manos para defender el proyecto de ciudad que creo más justo, democrático y bueno para los intereses de las clases populares.

Joaquín Eandi

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